El Merendero del Personal
"Abierto únicamente para quienes trabajan aquí... o para quienes alguna vez sintieron que un libro era un buen lugar para descansar un rato."
Los visitantes casi nunca llegan hasta este lugar.
No porque esté escondido.
Simplemente nadie puso nunca un cartel.
Después de atravesar una puerta sin nombre y doblar donde termina el pasillo de los diccionarios, aparece una cocina amplia, con una mesa demasiado larga para la cantidad de sillas.
Las tazas nunca combinan entre sí.
Y eso parece hacerlas felices.
Cada mañana alguien prepara el primer mate.
Nadie recuerda quién.
Cuando el último llega, el agua ya está caliente.
Menú del día
• Té con dos cucharadas de calma.
• Café para personajes con exceso de protagonismo.
• Chocolate para cuentos infantiles.
• Galletitas de palabras recién horneadas.
• Mermelada de recuerdos.
• Pan con imaginación.
Conversaciones escuchadas durante el recreo
—¿Quién volvió a mover la sección de Misterio?
—No fui yo.
—Claro... justamente eso diría alguien de Misterio.
—¿Alguien vio al protagonista de la novela histórica?
—Pidió vacaciones en el siglo XXI.
—El dragón del ascensor otra vez apretó todos los botones.
—Déjenlo.
Se divierte con muy poco.
Objetos olvidados sobre la mesa
• Un marcador de páginas que perdió el libro. • Tres migas de poema.
• Un bostezo.
• Una brújula que sólo señala "Más o menos por acá".
• Un final feliz envuelto en servilletas.
Cartel sobre la heladera
Por favor:
• No guardar metáforas junto a los lácteos.
• El queso pertenece al queso.
• Los sueños, al estante de arriba.
• Si alguien ve al Ratón Bibliotecario, díganle que la lata de galletitas NO es un archivo.
Se recuerda al personal que:
Las discusiones entre novelas y cuentos deberán realizarse en tono moderado.
La última vez hubo que separar a dos fábulas y un diccionario.
